El alma del prójimo es el árbol de vida del paraíso terrenal; está prohibido tocarlo porque es de Dios, quien debe juzgarlo y a nosotros también. Cuando nos entran ganas de enfadarnos con alguien, es preciso que inmediatamente miremos esta alma en el seno de Dios, a partir de este momento nos guardaremos de enfadarnos con ella y este es el verdadero medio de conservar la paz en nuestro corazón y el amor del prójimo. (San Francisco de Sales)
Feliz día del Señor. Celina







