
Tú, Señor, no pides ser maestro de política, de estrategia, de ciencia humana; quieres que sea maestro de misericordia y de verdad.
Enséñame a decir siempre la verdad, pero con dulzura. Ayúdame a responder siempre bien por mal y a esforzarme en preferir, en todo, tu Evangelio a los artificios de la política humana.
(San Juan XXIII)
Feliz día del Señor. Celina








