Cuando nuestras haciendas ocupan nuestros corazones, si la tempestad, el ladrón o el tramposo nos arrebata alguna parte de ella, ¡qué llantos, qué aflicciones, qué impaciencia tenemos! Pero cuando nuestras riquezas están asidas solo al cuidado que Dios manda que tengamos, y no a nuestros corazones, si nos las roban o menguan, no perderemos el juicio ni la tranquilidad.
(San Francisco de Sales)
Feliz día del Señor. Celina









