Un día comprendí que debía recibir dulcemente mis derrotas,
como tenues incidentes del camino.
Entendí qué bueno es quedarse en paz,
sentado a la rumorosa sombra de los árboles.
Y dejar que las cosas sean todas como tienen que ser,
y que sigan el curso que les marca el dedo de Dios.
(Manuel Marín Triana)
Feliz día del Señor. Celina









