La misma cercanía de Dios, su Encarnación, nos exigen que no nos dejemos absorber completamente por las solicitudes temporales, que no vivamos de tal manera como si solo fuese importante «este mundo», que no perdamos la perspectiva de la eternidad. La perspectiva divina de la vida, que sobrepasa las fronteras de la temporalidad, es la fuente de nuestra alegría.
(San Juan Pablo II)
Feliz día del Señor. Celina









