
A veces, en nuestra cabeza, Señor, la alegría equivale, más o menos, a un estado sin dificultades: es un día de sol sin sombra alguna, un repique límpido sin ninguna estridencia, una línea sin quiebra. Es curioso que, en la anunciación a María, tu ángel no adelante garantías de ese tipo. Lo que le dice es que el Señor está con ella en todo momento y esa presencia inunda la vida de gracia. En realidad, María también será llamada a vivir la alegría en un camino lleno de ambigüedades, temores, incertidumbres, solamente conducida por la confianza. Enséñanos, Señor, a abrazar la difícil alegría nuestra de cada día.
(J. Tolentino Mendonça)
Feliz día del Señor. Celina