
Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, solo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios; y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar.
(San Juan Crisóstomo)
Feliz día del Señor. Celina








