
Hablamos demasiado, hacemos mucho ruido, vamos siempre deprisa y corriendo y con los nervios a flor de piel. Oímos tantas cosas, recibimos tanta información, que no podemos asimilarlo todo. Por eso, Señor, detén las prisas que me hacen ir de acá para allá; serena mi espíritu, tranquiliza mi corazón y ábreme los ojos para que vea. Los ojos del cuerpo para contemplarte, los ojos del corazón para amarte, los ojos de la fe para quedar siempre fiel a tu palabra, a tu amor. Habla, Señor, que tu siervo escucha.
(Manolo Juárez)
Feliz día del Señor. Celina